viernes 5 de febrero de 2010

Entrevista en Rosario

En el mes de diciembre último, me entrevistaron en el programa de radio rosarino Quién levanta el muerto. Se trata de un programa cultural que pueden escucharlo en vivo todos los viernes de 21 a 22 hs, a través de http://www.radiogranrosario.com.ar/. Además encontrarán luego las entrevistas realizadas, en el blog Voces QLM.

Debo decir que hablar en público me pone muy nervioso, así que les pido que tengan paciencia. Pero si de todas maneras se animan, pueden acceder a la entrevista haciendo click aquí.

Quiero agradecer al escritor Raúl Astorga, con quien nos conocimos una tarde en la plaza San Martín, en Buenos Aires, mientras yo andaba con mis libros bajo el brazo, ofreciéndolos persona a persona, y con el que hoy mantenemos una amistad a la distancia; a Ale Guarino, autor del imperdible blog teesperojuana, donde suele publicar poemas y pequeños relatos poéticos (les recomiendo en especial que lean El viento); y a todo el equipo de Quién levanta el muerto.

sábado 30 de enero de 2010

La Paz

Compartiré esta vez una reflexión que titulé La Paz. Pero antes, a modo de introducción o para ponerlos en clima, quiero contarles que soy bastante independiente, a riesgo de caer a veces en el aislamiento social. Cosa que intento revertir a conciencia cuando entiendo que he llegado demasiado lejos.

No tengo religión (ni creo en ellas, aunque respeto a quienes sí las tienen), ni partido político, ni club de mis amores (sólo cuando juega Argentina me compenetro en esa metáfora de la guerra, como dice Galeano, y hasta ahí llego). Creo en dios (con minúscula para sentirlo más cerca), pero me veo totalmente incapaz de convencer a nadie para que crea o deje de creer en él (también con minúscula). Creo además en el amor, territorio en el que piso más firme, con menos precauciones, y el único que predico en los pocos ataques evangelizadores que me sorprenden de vez en cuando.

Ahora sí. La Paz.


La Paz


Mientras el hombre se sienta dueño del hombre, y no cesen las esclavitudes directas o económicas; mientras a unos les sobre el dinero y a otros el hambre; mientras la tierra sólo sirva para maximizar los beneficios de quien la posee, y no sea buena para tirarse un rato boca arriba, con una ramita entre los dientes, a mirar el cielo.

Mientras el nombre del creador siga siendo utilizado en vano, y se lo alce como instrumento dignificador de la propia verdad, y como argumento suficiente para descalificar la verdad del prójimo, con el prójimo incluido; mientras algunos sueñen con ese único credo instalado en todos los corazones, y se olviden de que cada corazón es único, y de que la fe se siente o no se siente, pero nunca se impone o se demuestra.

Mientras el color de la piel, la estatura, la forma de los ojos, y demás frivolidades, continúen separando las aguas, y las aguas se dejen separar; mientras una mano se apoye en la otra para estar un poquito más alto, en lugar de trabajar junto a ella para construir un mundo mejor; en fin, mientras la historia se repita, no habrá sitio para una paz verdadera. A lo sumo podrá existir, como otras veces, un pobre equilibrio entre oprimidos y opresores, siempre dispuesto a desequilibrarse, pero nunca esa: La Paz.


Alejandro Laurenza

sábado 16 de enero de 2010

El diario de Toba (¡publicado!)


Esta vez escribo sobre El diario de Toba para contarles que ya está publicado y lo tengo en mis manos. Esperar tuvo su recompensa.

La publicación es de Editorial Croquis, y, como había adelantado hace casi dos meses, se trata de un libro infantil, donde un perro llamado Toba cuenta pequeñas historias cotidianas, que se van entrelazando para intentar mostrar el mundo en el que vive.

Toba y yo estamos muy contentos de que Croquis haya elegido su libro, ¡y esperamos que se venda mucho!

Dejo ahora para que lean la contratapa.



“Yo soy un perro, un perro de raza grande, dice papá, pero se ríe cuando lo dice. Para mí que algo esconde.”

Toba es un perro como cualquiera, que anda, corre, juega y se relaciona con sus dueños (papá y mamá) y con los cinco gatos que viven en su casa (sus hermanitos). Esas relaciones no siempre son fáciles, sobre todo para alguien como él, que solía detestar a los gatos y a todo animal que se cruzara en su camino. El tiempo le enseñó a quererlos; y la correa cortita también.

Toba podría ser un perro como cualquiera, pero hay algo que lo distingue. Toba tiene un diario donde escribe, donde cuenta, donde se muestra como es (o como él piensa que es).

domingo 10 de enero de 2010

No explicarum

Suelo pensar que el poema, al igual que la letra de una canción, más fuerza tiene cuanto más se identifica con él quien lo lee o escucha, cuanto más lo siente como si fuera su verdadero autor. Y es por eso que en su explicación, ese poema (o esa canción) deja de serle propio, le es arrebatado, y toda su fuerza se desvanece.

No explicarum


Si te cuento lo que escribo,
si te hablo
de lo que sentí o siento cuando escribo,
si lo lleno de palabras,
de esas mismas palabras
que quité o quito porque sobran,
en fin,
si te cuento lo que escribo,
¿para qué leerme,
por qué, por cuál motivo,
si te cuento lo que escribo?

Si te cuento lo que escribo
mi voz se apaga, se derrumba,
se extravía,
ya no dice lo que digo.

Si te cuento lo que escribo
algo más grave y más profundo
sobreviene en mi descuido:
mi poema no es el tuyo
si te cuento lo que escribo.


Alejandro Laurenza
del libro “Maldita Conciencia”

sábado 2 de enero de 2010

Por los Chicos

Apoyándome en un poema de Mario Benedetti, quiero comenzar este año 2010 hablando de los chicos. Repetidas veces escuchamos o decimos que los chicos son el futuro, y que lo más importante es la educación. ¿Pero lo creemos realmente así?

A diario vemos en trenes y subtes de Buenos Aires una legión de niños pobres pidiendo una moneda para comer. Y uno se pregunta ¿es para comer? ¿Qué hacen los padres que sabemos los dirigen, silenciosos o no tanto, desde el primer vagón? ¿Ayudo con una moneda o fomento así la mala educación: el no orgullo por el estudio y el trabajo? ¿Esos niños serán luego padres dirigiendo a los suyos desde el primer vagón?

Entonces uno dice ¿qué hago? Y por lo general termina por no hacer nada, absorbido por la vorágine de los días que van de un sitio a otro, y no nos dejan (¿no nos dejan?) demasiado tiempo para pensar.

Sin embargo, por fortuna o por azar, se encuentran a veces pequeñas formas de colaborar, y de ser un poco más consecuente con lo que uno piensa. Aparecen así asociaciones sin fines de lucro, como Por lo Chicos, que nos invitan a hacerlo, inspirándonos confianza, y reuniendo y dirigiendo esfuerzos, que creemos no se perderán en el camino.

Por los Chicos busca hacer frente al hambre que sufren los niños (y ya sabemos que un niño con hambre, no podrá pensar ni mucho menos ser educado), brindando apoyo no de manera directa, sino a través de comedores infantiles de nuestro país, Argentina. Para eso implementa un sistema ya utilizado en otras partes del mundo, donde podemos ayudar muy fácilmente, y sin que nos cueste nada, haciendo click aquí.

¿Pero cómo ayudamos sin que nos cueste nada? Es sencillo. Cuando entramos a su página vemos la publicidad de los auspiciantes, y son ellos quienes donarán la comida que luego Por los Chicos se encargará de distribuir. Si queremos que esto suceda a diario, o mejor dicho cada día que entremos a Internet, basta con que configuremos su sitio como página de inicio de nuestro navegador.

Como vimos es fácil, y cualquiera de nosotros puede hacerlo, sin importar dónde nos encontremos.

Volvamos ahora sí a Mario Benedetti con su poema Desganas.

Desganas


Si cuarenta mil niños sucumben diariamente
en el purgatorio del hambre y de la sed
si la tortura de los pobres cuerpos
envilece una a una a las almas
y si el poder se ufana de sus cuarentenas
o si los pobres de solemnidad
son cada vez menos solemnes y más pobres
ya es bastante grave
que un solo hombre
o una sola mujer
contemplen distraídos el horizonte neutro

pero en cambio es atroz
sencillamente atroz
si es la humanidad
la que se encoge de hombros


Mario Benedetti
del libro “El olvido está lleno de memoria”

viernes 25 de diciembre de 2009

Rutina

De Internet se dicen muchas cosas, pero lo que no se puede negar es que nos permite ponernos en contacto como ninguna otra herramienta lo había hecho antes.

Así conseguimos llegar de un país a otro, o de una región a otra de un mismo país, haciendo tan solo un click, con la facilidad y el poco tiempo que eso significa. Salvamos además las diferencias horarias: podemos estar durmiendo mientras alguien, al otro lado del mundo, se entera de que existimos, y viceversa. Y con todo esto, nos deja ir agrupándonos según gustos y afinidades, de una forma muy parecida a la vida real (detrás de la herramienta está el hombre, al fin y al cabo).

Pero conste que digo “ponernos en contacto” y “saber que existimos”, porque conocernos es otra cosa. A veces tan difícil de lograr aún teniéndonos frente a frente, que sería iluso pretender que suceda sólo con estos ratos en que tomamos el teclado.

Y en este ponernos en contacto, tuve la fortuna de llegar hasta Rosa Fasolís, con quien compartimos varios y muy agradables mails, y de leer luego su poesía, pero esta vez de papel y hueso, que ella misma me envió desde Rosario hasta Buenos Aires.

Con su autorización, transcribo ahora el poema Rutina, que da inicio a su excelente libro Sacramento y Ceniza. Lo recomiendo.

¡Feliz Navidad!


Rutina

El invierno deporta pájaros.
(Conoce la rutina: sólo eso).
Alguien dibuja un pájaro; alguien
guarda la memoria del dibujo
en una hoja secreta.
Los que caminan con apuro piensan:
ya vendrán.
(Conocen la rutina: sólo eso).
Sin embargo
alguien, en algún lugar,
dice la oración por el regreso,
prefigura el anatema.

Alguien
a pesar de todo
quiebra la rutina y se detiene
a leer un pájaro
a mirar el vuelo de un poema.

Rosa Fasolís
del libro “Sacramento y ceniza”

sábado 19 de diciembre de 2009

Sentar cabeza

Hoy quiero dejar una especie de relato muy cortito, que en su apuro por terminar peca de reflexivo.


Sentar cabeza

Doblé cuidadosamente mi antiguo anhelo de ser yo, y lo guardé en el estante más alto, en ese que nunca miro por falta de tiempo, y de consuelo. Alcancé por fin la sublime meta que persigue todo hombre: ser dueño de sus actos. Aunque a veces pienso que fueron ellos quienes alcanzaron su sublime meta.

Si no atiné a elevar mi voz, ni ensayé una precaria defensa, no fue por falta de coraje, sino porque me vi sorprendido ante una emboscada de meritoria simpleza.


Alejandro Laurenza