domingo 15 de noviembre de 2009
El diario de Toba
Como otras veces, me senté un día con mi cuaderno tamaño A4, completamente nuevo, y con la primera birome que encontré por ahí tirada, para intentar escribir de una vez por todas una novela. De algún modo sentía que estaba más cerca, que algo en mi interior iba madurando, y que, de un momento a otro, esa novela debería iniciarse. Pero estaba equivocado. Todavía era tiempo de otra cosa.
Con la hoja en blanco y luego de pensar y de buscar en los rincones de la imaginación, inicié aquello desde la voz de un perro llamado Toba (que casualmente es el mío, mi perro). Y así Toba me sorprendió: hablando a veces sobre él mismo, sobre su historia, sobre su llegada a la familia, otras veces sobre los gatos que habitan la casa (que son muchos, y que él los tiene aguantar e incluso querer), y hasta sobre nosotros, mi mujer y yo, a quienes suele dejarnos en ridículo desde su visión de niño inocente que lo cuenta todo. También habla de la familia y de los amigos, claro, y de cosas que son bastante tontas pero que a él le gustan y lo divierten.
Poco a poco, Toba fue avanzando en su libro, en su diario, y un día se dio cuenta de que llevaba ya muchas páginas, y entonces me preguntó que qué hacía. Yo me quedé mirándolo con incredulidad. ¿Este perro hablará en serio?, me pregunté. Pero él no bajaba la vista. Esperaba una respuesta de mi parte. Entonces me convencí, y lo tuve que ayudar.
Juntos buscamos en Internet, y dimos por casualidad con el blog de Elisabet y sus valiosos consejos para llegar a publicar, y hasta nos pusimos en contacto con ella. Es muy amable Elisabet, me decía Toba. Después armamos una carta de presentación, una sinopsis, recopilamos direcciones de mail de editoriales y agencias literarias, y nos lanzamos a la búsqueda.
Luego de algunos meses de trabajo, y de varias respuestas negativas, una pequeña editorial se interesó por fin en su libro. Él no lo podía creer. Estaba tan contento que no dejaba de mover la cola, y de sacar larga la lengua, tratando de que pareciera una sonrisa. Yo le decía no te apures, en estas cosas hay que tener paciencia.
Y la verdad es que no me equivocaba. Después de siete meses desde la firma del contrato, aún seguimos teniendo paciencia. Seguimos esperando. Con ilusión, pero con los pies en la tierra. Y sabiendo siempre que es sólo un primer paso. Como todos dicen por ahí, y con mucha razón, esta aventura en la que Toba está ahora embarcado es una carrera de fondo. Hay que seguir aprendiendo y tratando de hacerlo cada vez mejor.
Pero bueno, por hoy vamos a dejar acá. Toba, que lo tengo a mi lado, con las patitas de adelante cruzadas y la vista atenta, me pide que no siga contando. Por cábala, dice él, aunque no crea mucho en esas cosas.
domingo 1 de noviembre de 2009
Rezo por vos
Su carrera está poblada de momentos excepcionales, con canciones que consiguen ponernos la piel de gallina, como Confesiones de Invierno, Seminare, o Filosofía barata y zapatos de goma; y otras que nos acercan a esa realidad que no siempre está al alcance de los ojos, como Canción de Alicia en el País, o Adela en el carrousell; y, claro, también están las que llegan muy hondo y nos obligan a movernos, y a saltar en medio de un concierto, como la exquisita Rezo por vos (compuesta junto al flaco Spinetta), No toquen, Cerca de la revolución, o la más cercana El amor espera, incluida en el excelente disco Influencia.
También podemos hablar de su búsqueda continua a través de la música, y de ese nunca quedarse quieto, que lo llevó una y otra vez a dejar sus bandas cuando más éxito tenían, para iniciar una nueva y siempre desconocida etapa. ¿Qué es acaso la vida si no una búsqueda permanente?
Pero bueno, no todo es color de rosas en la vida del músico. También tuvo momentos difíciles, donde las drogas se apoderaron de él, y no lo dejaron seguir siendo. Fue allí donde siempre encontró a alguien que le diera una mano para seguir adelante, como la querida Mercedes Sosa en otras épocas, o Palito Ortega, en los últimos tiempos.
Ahora, en pleno proceso de recuperación (ojalá esta vez definitivo), volvió a los escenarios luego de tenernos abandonados durante un año y medio. Nos encontramos entonces en Buenos Aires, en el estadio Velez Sarsfield, con un Charly García moderado y algo lento todavía en sus movimientos, seguramente por los efectos de la medicación. Sin embargo consiguió dar un excelente concierto, como cierre de una pequeña gira por Latinoamérica, ante más de cuarenta mil personas que lo alentaron, y cantaron sus canciones bajo la lluvia.
Vamos a cerrar esta entrada, con la letra de la mencionada Rezo por vos. Y para todos aquellos que quieran saber más sobre Charly les recomiendo que visiten el imperdible blog http://cinemaveritesnm.blogspot.com/.
Rezo por vos (descargar mp3)
La indómita luz
Se hizo carne en mí
Y lo dejé todo
por esta soledad.
Y leo revistas
En la tempestad
Hice el sacrificio
Abracé la cruz al amanecer.
Rezo, rezo, rezo, rezo.
Morí sin morir
Y me abracé al dolor
Y lo dejé todo por esta soledad
Ya se hizo de noche
Y ahora estoy aquí
Mi cuerpo se cae
Sólo veo la cruz al amanecer.
Rezo, rezo, rezo, rezo por vos.
Y curé mis heridas
Y me encendí de amor
Y quemé las cortinas
Y me encendí de amor, de amor sagrado.
Y entonces rezo.
Rezo por vos.
del disco “Parte de la Religión”
Charly García / Luis Alberto Spinetta
viernes 23 de octubre de 2009
La novela según Sábato
De hecho, él rechaza de plano la novela como mero entretenimiento. Al entenderla como obra de arte, todo lo que no sea visceral, por llamarlo de alguna manera, que no sea medio indispensable del artista para dar su visión del mundo, resulta superfluo.
Es verdad que quizá sea un tanto extrema esta concepción, y que cada cual puede escribir o leer novelas de acuerdo con sus propios gustos o necesidades. Y hasta podremos decir que una persona no es la misma todo el tiempo, y que a veces puede tener la imperiosa necesidad de la búsqueda profunda de la existencia, y de los conflictos ineludibles del hombre, y otras veces buscar sólo entretenimiento literario, e incluso evasión, que le permita sobrellevar la vida.
Pero veamos qué dice Sábato al respecto, y qué es lo que busca él cuando lee o escribe una novela.
Conviene agregar antes a modo informativo que, fiel a su propia visión, en su vida publicó sólo tres obras de este género, todas de una profundidad incuestionable: El túnel, Sobre héroes y tumbas, y Abbadón el exterminador.
“Hay probablemente dos actitudes básicas que dan origen a los dos tipos fundamentales de ficción: o se escribe por juego, por entretenimiento propio y de los lectores, para pasar y hacer pasar el rato, para distraer o procurar unos momentos de agradable evasión; o se escribe para buscar la condición del hombre, empresa que ni sirve de pasatiempo, ni es un juego, ni es agradable.”
“Efectivamente, es casi normal, para no decir que es inevitable, esta sensación de desagrado que produce la lectura de una novela de esta naturaleza. Y eso se debe a que no sólo la exploración de las simas del corazón es agobiante sino que, proponiéndoselo o no, este tipo de ficción nos produce un desasosiego que tampoco es placentero. Maurice Nadeau sostiene que una novela que deje tal cual al escritor y al lector es una novela inútil. Es cierto. Cuando hemos terminado de leer El proceso no somos la misma persona que antes (y seguramente tampoco Kafka después de escribirlo).”
“Si denominamos gratuito aquel primer género de ficción que sólo está hecho para procurar esparcimiento o placer, a éste podemos llamarlo problemático, palabra que a mi juicio es más acertada que la de comprometido.”
“El escritor, pues, no es tanto un inventor, como un explorador o
descubridor.”
“El paisaje externo, el pintoresquismo de costumbres o lenguajes o trajes, tan esencial en el otro tipo de narración, aquí pasa a un lugar insignificante; pues no es el propósito que se persigue esa clase de descripciones, y el mundo externo existe casi únicamente en función del drama personal, como proyección de la subjetividad: esa nieve, si esa nieve está vinculada al drama; esa escalera, si esos escalones de alguna manera miden la angustia o la espera del protagonista, o porque en ese otro piso está la persona que determina su destino.”
Ernesto Sábato
fragmentos de “Exploradores, más que inventores”
del libro “El escritor y sus fantasmas”
domingo 4 de octubre de 2009
El país en llamas
Quizá por eso, la crisis mundial en la que estamos aún metidos no fue recibida por nosotros con demasiada sorpresa. O, mejor dicho, la sorpresa consistió en que esta vez no nos haya tocado sólo a nosotros.
Sea como fuere, sabemos por experiencia propia que toda crisis paraliza un poco al principio, pero que, una vez superado el desconcierto, no hay más remedio que seguir adelante. Y para ello cada uno hace catarsis de la manera en que sabe o puede, y vuelve luego al movimiento.
Y como lo que yo sé o puedo hacer (en mi propia medida) es escribir, hago catarsis justamente escribiendo.
Para que vean de qué hablo, voy a dejar a continuación un poema, no de esta última crisis sino de la anterior, que poco a poco se va olvidando.
El país en llamas
(Principios de 2002)
Argentina toda es un grito de protesta,
de hartazgo, de bronca,
de paren de robar;
aunque la verdad es que poco queda,
salvo que decidan vender monumentos,
parques, instituciones,
y demás entidades decorativas.
En cada esquina hay un foco de incendio,
unas ganas de nada,
un terrible dolor de patria rota,
una sensación de mano en el bolsillo,
de futuro saqueado,
de matar o morir;
y por sobre todas las cosas
hay uno y mil hombres esperando,
dejando la vida en la tristeza
y la dignidad en el recuerdo.
Argentina toda se llena de miserias,
mientras pasa el tiempo,
y papá del norte la abraza con ternura,
pero aprieta demasiado;
entonces nada sirve,
la esperanza se arrastra por el piso,
los sueños del abuelo aceptan su imposible,
los aviones salen para no volver...
Y, sin embargo,
hay algo que no muere:
la conciencia de saber que esta tierra soy yo,
sos vos,
es aquel flaco que se queda,
es la mina que se va,
y eso es demasiado fuerte
para dejarlo caer sin dar batalla.
Alejandro Laurenza
del libro “Maldita Conciencia”
domingo 27 de septiembre de 2009
Cómo escribe Ken Follet
La introducción es bastante extensa, por lo que tomaré sólo determinadas partes de manera arbitraria, apuntando más que nada a las revelaciones del autor sobre su forma escribir en general, y sobre el modo en que trabajó con este libro en particular, dejando de lado lo que tiene que ver con la trama en sí de su historia.
Ya sabemos que cada uno irá encontrando su propia forma de escribir, e incluso la irá modificando con el tiempo, según el tiempo lo vaya modificando también a él, pero me parece sumamente interesante conocer cómo trabajan los que saben. Siempre tendremos así la oportunidad de aprender algo.
Aprovecho además para recomendarles que lean este libro. Se trata de una novela histórica de más de mil páginas, situada en la edad media, cuyo fondo está dado por la construcción de una catedral. Se desarrolla de manera atrapante, haciendo que su extensión, capaz de intimidarnos antes de comenzar la lectura, resulte al fin apropiada, dejándonos con ganas aún de leer su continuación: Un mundo sin fin.
“La novela Los pilares de la tierra sorprendió a mucha gente, incluido yo mismo. Se me conocía como autor de thrillers. En el mundo editorial, cuando uno alcanza el éxito con un libro, lo inteligente es escribir algo en la misma línea una vez al año durante el resto de su vida.”
“Así pues, era poco probable que escribiese un libro como Pilares, y de hecho estuve a punto de no hacerlo. Lo empecé, lo dejé y no volví a mirarlo hasta pasados diez años.”
“En algún momento de 1976 escribí las líneas generales y unos cuatro capítulos de la novela.”
“Volviendo la vista atrás, comprendo que a la edad de veintisiete años no era capaz de escribir una novela de esas características. Era como si un aprendiz de acuarelista proyectase un óleo de grandes proporciones. Para tratar el tema como lo merecía, el libro debía ser muy extenso, abarcar un período de varias décadas y dar vida al complejo marco de la Europa medieval. Por entonces yo escribía libros mucho menos ambiciosos, y así y todo no dominaba aún el oficio.”
“La resucité en enero de 1986, después de terminar mi sexto thriller.”
“Mis editores se pusieron nerviosos. Querían otra historia de espías. Mis amigos albergaban también sus temores. No soy la clase de autor capaz de eludir un fracaso amparándome en que el libro era bueno pero los lectores no habían estado a la altura.”
“Por entonces ya había desarrollado el método de trabajo que sigo usando hoy día. Empiezo con un esquema de argumento que incluye lo que ocurrirá en cada capítulo y mínimos esbozos de los personajes. Pero ese libro no era como los demás. El principio no me dio problemas, pero a medida que el argumento avanzaba década a década y los personajes pasaban de la juventud a la madurez encontraba mayores dificultades para inventar nuevos giros e incidentes en sus vidas. Descubrí que un libro extenso representa un desafío mucho mayor que tres cortos.”
“En marzo del año siguiente, 1987, llevaba dos años trabajando en la novela y tenía sólo un esquema incompleto y unos cuantos capítulos. No podía dedicar el resto de mi vida a ese libro. Pero ¿qué debía hacer? Podía dejarlo y escribir otro thriller. O podía trabajar con más ahínco. Por aquellas fechas escribía de lunes a viernes y me ocupaba de la correspondencia los sábados por la mañana. A partir de enero de 1988 empecé a escribir de lunes a sábado y contestaba las cartas el domingo. Mi rendimiento aumentó de manera espectacular, en parte por el día extra, pero sobre todo por la intensidad con que trabajaba.”
“Si no recuerdo mal, terminé el primer borrador a mediados de aquel año. Una mezcla de entusiasmo e impaciencia me impulsó a trabajar aún con mayor denuedo en la revisión, y comencé a trabajar los siete días de la semana. Descuidé por completo la correspondencia pero concluí el libro en marzo de 1989, tres años y tres meses después del inicio.”“Estaba agotado pero contento. Tenía la sensación de haber escrito algo especial.”
“Y así ocurrió. Parecía el libro menos adecuado; yo parecía el autor menos adecuado, y estuve a punto de no escribirlo. Sin embargo es mi mejor libro.”
Ken Follet
fragmentos de la introducción de “Los Pilares de la tierra”
sábado 19 de septiembre de 2009
El mismo libro
El mismo libro
No sé como, ni por qué, pero una de las tantas calles impredecibles me llevó hacia él. Lo vi allí, descuidado, polvoriento, triste, excluido de los pesados ojos de la rutina.
De inmediato sentí una suave y conocida caricia. No había nada que me hiciera dudar. Sus frágiles páginas aguardaban ansiosas, me aguardaban ansiosas. Estaban dispuestas a dejarlo todo; a despojarse de la ternura con que la nostalgia se envuelve
cuando la esperanza prepara las valijas; y a arrojarse a mis brazos, evocando a una antigua felicidad.
Debo reconocer que tuve miedo. Hallarlo nuevamente entre mis manos era una experiencia encantadora y a la vez terrible. Hacerme dueño de sus líneas me alejaba de toda máscara, me volvía indefenso ante los extraños rostros de un lugar que no es el mío (o que sí es el mío, pero solamente cuando olvido quién soy).
Ya sin pensar, deslicé sus primeras hojas, y no pude más que asombrarme al ver que mi corazón latía como la primera vez.
Ni los vientos, ni las lluvias, ni el refugio, consiguieron callarlo. Ni los vientos, ni las lluvias, ni el refugio, sepultaron al amor.
Alejandro Laurenza
sábado 12 de septiembre de 2009
Mis libros en Rosario
Hace poco más de un año comencé a distribuirlos yo mismo por kioscos de diarios y librerías de Buenos Aires. Los cuales recorro una vez por mes, o cada dos meses, para ver si hubo novedades, reponiendo así los libros que se hubieran vendido. El trabajo no es sencillo. Hay que caminar y caminar, y dedicarle mucho tiempo a la tarea. Pero tiene, como siempre, el maravillosos incentivo de estar haciendo lo a uno le gusta. Lo que no es poco.
En cuanto a los resultados, tengo que admitir que en este año se vendió, más o menos, la misma cantidad de libros que podría llegar a vender en seis o siete días en una plaza. ¿Pero quién dijo que iba a ser fácil? Las cosas se van consiguiendo paso a paso.
Y para no perder la costumbre de seguir empujando, ahora mis dos últimos libros de poesía, Maldita Conciencia y Libertad y otras yerbas, se encuentran también en Rosario. Sí, en esta bella ciudad que descansa a orillas del río Paraná, y que tiene una muy importante influencia económica y cultural en nuestro país. Más específicamente los podrán hallar en la librería Ameghino, ubicada en la calle Corrientes 868.
Por ayudarme a hacer esto posible, quiero agradecer a los rosarinos Marcelo Nieto, que me puso en contacto con la librería, y Raúl Astorga, quien me ofreció su generosa colaboración para todo lo que pudiera necesitar. Agradezco también a mi buen amigo Liman, que me consiguió un excelente transporte para hacer el envío desde Buenos Aires.
Por otra parte, les comento que pueden ver la lista con todas las direcciones donde se encuentran mis libros, haciendo click aquí.
